miércoles, 2 de octubre de 2013

Goethe y la música (II): ¿Quién cabalga tan tarde?

En la serie sobre Goethe y la música, voy a hablar de un poema, más bien una balada, muy conocida en Alemania, y también muy conocida en el resto del mundo gracias a la música que escribió sobre ella uno de los grandes genios de la composición.

Seguro que bastantes de vosotros, al haber leído el título, sabéis que hoy el tema elegido es Erlkönig o sea El rey de los alisos. No es la historia un tema original de Goethe, realmente es una leyenda danesa. Lo curioso de esta historia tan famosa, es que arranca de una errónea traducción.

El poeta, traductor, teólogo y filósofo Johann Gottfried Herder (1744 - 1803) tradujo del danés la balada Ellerkonge, que no es otra que El rey de los elfos, aunque como veremos, nada tienen que ver con el Rey Elrond y la Dama Galadriel de J. R. R. Tolkien. Herder, confundió en su traducción Eller (elfos) con Erlen (alisos) y así el inquietante Rey de los Elfos (Elfenkönig) cambió su reino de duendecillos por los bosques de alisos (Erlkönig).

Goethe, leyó la traducción de Herder, en la que basó su poema y siguiendo la misma, perpetuó el error y también escribió sobre el Rey de los Alisos.  El poema es de 1781-82, un poco posterior al Viaje invernal por el Harz sobre el que hablé en la anterior entrada de esta serie.

Goethe en 1779 por Georg Oswald May

¿Qué nos cuenta Goethe en este poema? Un padre cabalga en una noche fría y ventosa a través de los bosques, lleva a su hijo en brazos, y le da calor con su cuerpo. El hijo está muy enfermo, tiene mucha fiebre. Enseguida el hijo empieza a delirar, el padre le pregunta por qué oculta su rostro. En sus delirios el hijo está viendo al Rey de los Alisos que quiere llevarle con él. El niño está asustado, primero con zalamerías el Rey intenta atraerle, el padre intenta tranquilizar a su hijo. Al final el Rey impaciente utiliza la fuerza para llevarse al niño. El padre redobla el galope para llegar a casa. Al final consigue llegar con esfuerzo, pero su hijo yace muerto en sus brazos.

Erlkönig
Wer reitet so spät durch Nacht und Wind?
Es ist der Vater mit seinem Kind;
Er hat den Knaben wohl in dem Arm,
Er faßt ihn sicher, er hält ihn warm.

Mein Sohn, was birgst du so bang dein Gesicht?
Siehst, Vater, du den Erlkönig nicht?
Den Erlenkönig mit Kron und Schweif?
Mein Sohn, es ist ein Nebelstreif.

Du liebes Kind, komm, geh mit mir!
Gar schöne Spiele spiel' ich mit dir;
Manch' bunte Blumen sind an dem Strand,
Meine Mutter hat manch gülden Gewand.

Mein Vater, mein Vater, und hörest du nicht,
Was Erlenkönig mir leise verspricht?
Sei ruhig, bleibe ruhig, mein Kind;
In dürren Blättern säuselt der Wind.

Willst, feiner Knabe, du mit mir gehn?
Meine Töchter sollen dich warten schön;
Meine Töchter führen den nächtlichen Reihn,
Und wiegen und tanzen und singen dich ein.

Mein Vater, mein Vater, und siehst du nicht dort
Erlkönigs Töchter am düstern Ort?
Mein Sohn, mein Sohn, ich seh es genau:
Es scheinen die alten Weiden so grau.

Ich liebe dich, mich reizt deine schöne Gestalt;
Und bist du nicht willig, so brauch ich Gewalt.
Mein Vater, mein Vater, jetzt faßt er mich an!
Erlkönig hat mir ein Leids getan!

Dem Vater grauset's, er reitet geschwind,
Er hält in Armen das ächzende Kind,
Erreicht den Hof mit Müh' und Not;
In seinen Armen das Kind war tot.
 El Rey de los Alisos
¿Quién cabalga tan tarde en la noche y el viento?
Es el padre con su hijo.
Lleva al niño en su brazo,
Lo sujeta con firmeza, le da calor.

Hijo mío ¿Por qué escondes tu rostro asustado?
¿No ves, padre, al Rey de los Alisos?
¿Al Rey de los Alisos con corona y cola?
Hijo mío es un jirón de niebla.

¡Querido niño ven conmigo!
Jugaré maravillosos juegos contigo;
En la orilla hay muchas flores de colores,
Mi madre tiene muchos trajes dorados.

Padre mío, padre mio ¿no oyes
Lo que el Rey de los Elfos quedo me promete?
Tranquilo, estáte tranquilo hijo mío;
Es el viento mueve las hojas secas.

¿Quieres, lindo niño, venir conmigo?
Mis hijas te atenderán bien;
Mis hijas hacen su danza nocturna,
Y ellas te arrullarán y bailarán y cantarán para ti.
 

Padre mío, padre mío ¿no ves acaso ahí,
A las hijas del Rey de los Alisos en ese lugar oscuro?
Hijo mío, hijo mío, lo veo con claridad:
Son los viejos sauces tan grises.

Te quiero; me atrae tu hermosa figura;
Y si no haces caso usaré la fuerza.
¡Padre mío, padre mío, ahora me agarra!
¡El Rey de los Alisos me ha hecho daño!

El padre se estrenece y cabalga más deprisa,
Lleva al gimiente niño en sus brazos,
Llega al patio con penoso esfuerzo;
En sus brazos el niño estaba muerto.


Moritz von Schwind: El Rey de los Alisos

Este es un poema complejo para llevarlo a una composición musical. Hubiera sido ideal para que inspirara un poema sinfónico, pero no es nada fácil poner su texto en música y hacerlo convincentemente.
La gran dificultad que tiene la balada de Goethe, es que aparecen cuatro voces diferentes, el narrador, el padre, el hijo y el Rey de los Alisos.  Narrador y padre, están dentro del mundo real, uno describe la situación y el otro la vive. El niño es más complejo, está en el mundo real, dialoga con el padre, pero está a punto de entrar en ese mundo fantasmagórico que sólo él ve y que le aterra. Por último, el Rey, alegoría de la muerte, recordemos que en los países anglosajones la muerte es masculina; está totalmente en el plano de lo imaginario.

Todos los compositores que arrancan desde el clasicismo contaron la historia, pero no fueron capaces de extraer todo lo que expresa. Son los compositores del romanticismo los que se encontraron a sus anchas en un tema que reunía todos los ingredientes necesarios, la noche, la naturaleza o apariciones espectrales.

Aquí voy a hablar sólo de seis de los Lieder basados en este poema, porque son más de veinte las composiciones sobre esta obra de Goethe y, como veremos, no siempre con en mismo acierto.  

Los que lo intentaron

No nos vamos a detener demasiado en ellos, pero son un buen ejemplo de como un gran texto, puede desaprovecharse en música. Un poco el orden que voy a seguir, todo lo arbitrario que queráis, es el creciente interés de la composición musical.

1. Johann Friedrich Reichardt

Johann Friedrich Reichardt (1752 - 1814), fue un compositor alemán, contemporáneo de Mozart, al que se suele considerar uno de los pioneros del Lied o canción de cámara alemana. Reichardt compuso su Erlkönig en 1794. Su composición es una balada declamada, en la que no diferencia las distintas voces que aparecen en el poema, resultando básicamente rítmico y monótono. Sólo cuando aparece el Rey de los Alisos hace una ligera concesión a lo teatral. Youtube ha retirado la única versión decente del lied por tanto no podemos escucharlo, aunque, sinceramente, no nos perdemos nada especialmente interesante.


2. Carl Friedrich Zelter

Carl Friedrich Zelter (1758 - 1832) otro de los pioneros del Lied, no va más allá de su compatriota Reichardt, melódicamente más inspirado desaprovecha en buena parte el contenido dramático del poema. Sólo al llegar al momento en el que el niño se queja del ataque del Rey de los Alisos (1:44) surje algo de dramatismo, aunque dejado a las dotes actorales del cantante. Si no conocemos el texto, nos puede parecer hasta un Lied alegre con su ritmo danzante.

La interpretación corre a cargo de Britta Westerholt y Andrea Baiocchi
Problemas técnicos con youtube, hacen que se tenga que ver el video como enlace externo al blog.


"Erlkönig" Carl Friedrich Zelter

3. Ludwig van Beethoven

Si, sorprende mucho, ver a uno de los más grandes en el apartado de los que no acertaron. El motivo es claro, Ludwig van Beethoven (1770 - 1827), también se sintió atraido por Erlkönig. Trabajó en el poema en 1795, con veinticinco años, y no pasó de un esbozo. Aquí está la versión completada en 1897 por Reinhold Becker. ¿Qué hay del joven Beethoven y qué hay del de su estilo posterior? Lo cierto es que que no lo sé, pero hay cosas en esta reconstrucción que suenan posteriores a 1795. He traído la obra sólo por la curiosidad y porque es de quién es. Robert-John Edwards y Jon French interpretan esta recreación.





4. Louis Spohr

Ludwig Spohr (1784 - 1859) conocido por su nombre traducido al francés, llegó a ser considerado el compositor alemán vivo más importante en la década de 1840, tras la muerte de Beethoven y Weber. Claro los que vinieron por detrás Schubert, cuando se le conoció porque el pobre ya había muerto, Mendelssohn y Schumann, mandaron casi al olvido la obra de Spohr.
Spohr fue otro apasionado de Goethe, que llegó a componer una ópera, Fausto, basada en el personaje goethiano.
Su Erlkönig es el mejor de los que hemos escuchado hasta ahora, pero está compuesto en 1856, fecha muy posterior a las dos geniales composiciones que nos quedan, que Spohr conocía sin duda. Además, se ayuda del sonido del violín para dar una imagen más fantasmagórica del Rey de los Alisos.
El resultado final es una obra que se escucha con agrado, pero que no queda en la memoria. Nos la sirven el barítono Dietrich Fischer-Dieskau, Dmitry Sitkovetsky al violin y Hartmut Höll al piano.





Los que lo lograron

Dos fabulosas puestas en música del poema de Goethe. La primera que escucharemos, algo desconocida y algo desconocido su autor ya es genial, la segunda es simplemente Erlkönig.


1. Loewe

Carl Löwe (1796 - 1869) fue uno de los creadores más importantes del Lied alemán, aunque poco conocido fuera del ámbito lingüistico germano.
Quizá su aportación más importante dentro del género de la canción de cámara, sean sus baladas, Lieder basados en temas épicos, con un gran contenido teatral, Archibald Douglas, La cabalgata nocturna de Odin, Edward, Herr Oluf o Tom der Reimer, son algunos de los ejemplos. Apuntar, que en este tipo de Lieder han brillado con luz propia grandes voces wagnerianas, especialmente bajos y bajo-barítonos, Hans Hotter, Ferdinand Frantz o Josef Greindl son alguno de los ejemplos más representativos.
En la línea de sus baladas, Loewe nos cuenta la historia de Erlkönig, compuesto en 1818. Lo primero que nos llama la atención es que inicia describiendo el escenario, gravedad en la introducción e imitación del cabalgar del caballo. Además, hace que el cantante diferencie las distintas voces que suenan en el poema. La música adquiere un carácter misterioso cuando va a hacer su entrada el Rey de los Alisos (00:50), que con un canto melífluo, intenta atraer al niño. Esto se repite en la siguiente intervención, niño asustado, padre que intenta mostrar serenidad y Rey ladino, pero cuando llega la última intervención del Rey, su canto se vuelve amenazador (2:17), dando paso al terror del niño (2:24). El cabalgar se hace más veloz, el último efecto es el acorde del piano sobre la palabra tot (muerto) en 02:55 que resalta aún más el dramatismo del momento.

Loewe, sabiendo separar los dos planos de la realidad consigue un excelente Lied, aquí bellamente servido por Thomas Quasthoff y Norman Shetler.

Nuevamente problemas con el universo googueliano hacen que el vídeo se vea en una ventana diferente.


Carl Loewe Erlkönig

2. Schubert

Loewe hubiera llegado a ser el compositor de Erlkónig, si no fuera porque otro unos meses más joven, iba a conseguir con este poema una de sus muchas obras maestras. Me refiero, claro está, al vienés Franz Schubert (1797 - 1828), uno de los más grandes compositores de todos los tiempos. Algo ninguneado en su ciudad natal, que prefiere, inexplicablemente, a los forasteros Mozart, Beethoven y Brahms, grandes hijos adoptivos, pero que niega al pobre Franz el ser hijo predilecto. 
  
Franz Schubert. Litografía de C. Helfert


La verdad es que Schubert no tuvo mucha suerte en vida, murió jovencísimo, casi no se publicaron obras suyas en vida, y cuando compone una genialidad como la que vamos a escuchar y se la envía al propio Goethe, éste ni le contesta.
Schubert compuso Erlkönig en 1815, llegó a editarlo dentro de su opus número 1, aunque en el catálogo de Deutsch ocupa en número 328.
Schubert inicia la obra con unos tresillos casi obsesivos en el piano, el caballo va lanzado al galope. Si seguimos el texto vemos que Schubert distingue perfectamente las tres primeras voces, obligando a que el cantante cante en una tesitura media para el narrador, grave para el padre y aguda para el hijo. El piano sigue con su ritmo obsesivo, por que se esté cantando el caballo no para de galopar, cede el protagonismo a la voz, pero sigue constantemente presente. Entra el Rey (1:28), con su voz mágica, que el cantante tiene que adelgazar para darle un carácter irreal. Además, Schubert cambia la armonía a modo mayor, todo el Lied está en tono menor, excepto las intervenciones del Rey; así, en contraste, adquieren una apariencia fantasmagórica. De esta forma sigue este diálogo padre-niño por un lado y Rey-niño por otro. Llega la última intervención del Rey (2:58) ya no quiere convencer, directamente es una amenaza, claramente expresada en las palabras so brauch ich Gewalt (usaré la fuerza) en 3:06.  Los siguientes versos cantados por el niño ya son un quejido: el Rey de los Alisos me ha hecho daño. Con el narrador vuelve el piano a tomar protagonismo (3:20), el padre ha hecho que el caballo aún galope más rápido. El padre ha llegado a casa con el niño (3:36) el caballo reduce la marcha, quizá ya está el mozo de la caballeriza con las riendas del animal, el piano cesa por fin su ritmo martilleante (3:45). Sólo queda decir in seinen Armen das Kind (en sus brazos el niño), hacer una pausa para aumentar el dramatismo (3:50), war tot (estaba muerto) y acabar la obra con dos acordes de piano.
La interpretación, corre a cargo de Dietrich Fischer-Dieskau, con una apariencia que recuerda a Orson Welles, y el gran acompañante Gerald Moore.






















































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