martes, 8 de abril de 2014

El adiós de Sieglinde en "La walkyria" de Wagner

La walkyria de Richard Wagner es una de las obras favoritas del público. De hecho, ha habido veces que ha se ha representado como obra independiente del ciclo de El anillo del nibelungo al que pertenece. Las razones de este aprecio del público son evidentes, es una de las partituras más bellas escritas por Wagner. Después de las intrigas entre dioses, enanos, gigantes y demás criaturas míticas de El oro del Rin, La walkyria representa la aparición en escena del ser humano, con todas las humanas pasiones. Desde los primeros compases del preludio con la carrera de Siegmund y la tormenta hasta la música del fuego mágico que cierra el tercer acto, vamos a ser testigos del amor, esperanza, miedo, odio, valentía, desesperación, resignación, tristeza y de todo aquello que es humano.

Elegir un solo momento de La walkyria es casi imposible. ¿Cuál eliges? ¿El dúo que cierra el primer acto? ¿La entrada de Brünnhilde en el segundo? ¿El monólogo de Wotan? ¿El anuncio de la muerte? ¿La despedida de Wotan? Por no hablar del pasaje que conoce todo el mundo, la famosa cabalgata de las walkyrias.

La escena que he escogido es otra, tan bella como el resto de la obra, pero que guarda un significado muy importante. Aquí aparecen por primera vez los dos motivos que cerrarán la grandiosa Tetralogía. Aquí Wagner nos está anticipando el futuro y empezamos a intuir que, no va a ser muy halagüeño.

Pero recordemos que ha ocurrido hasta aquí. Siegmund ha llegado a casa de Hunding y se ha refugiado en ella de sus perseguidores. Sieglinde, mujer de Hunding le da de beber y pide a Siegmund que espere a su marido. Cuando llega Hunding, Siegmund cuenta su historia, plagada de sinsabores, tanto que se hace llamar Wehwalt, algo así como mensajero de la desgracia. Al final Hunding reconoce en el welsungo a su enemigo. En su huida de las hordas de Hunding, Siegmund ha ido a parar a su casa. Las leyes de la hospitalidad protegen al desarmado Siegmund esa noche, a la mañana siguiente debe aprestarse al combate. Siegmund intenta dormir, pero recuerda a su padre Wälse, que le prometió un arma cuando más la necesitase. Entra Sieglinde, que ha dormido a Hunding con un somnífero. Sieglinde cuenta su historia. Fue raptada y obligada a casarse con Hunding al que no ama. El día de la boda llegó un viejo caminante que se tapaba un ojo con el ala de su sombrero. Fulminó a todos con su mirada, excepto a Sieglinde a la que sonrió. Sacó una espada de sus ropajes y la hundió en un fresno hasta la empuñadura. Cuando el misterioso caminante se marchó, los hombres intentaron extraer la espada, nadie lo consiguió. Sieglinde estalla de alegría, sueña con que ese desconocido sea el elegido. Los jóvenes se reconocen su amor. Al final, Siegmund dice que su padre se llamaba Wälse y en ese momento Sieglinde le reconoce como su hermano. Ya no va a ser más Wehwalt, su nombre es Siegmund (Mensajero de la victoria). Siegmund se acerca al fresno y sin ningún esfuerzo extrae la espada, a la que bautiza como Nothung (Hija de la necesidad). La pasión se desborda y cae el telón.



Final del acto I en la escenografía del estreno en Bayreuth 1876


El segundo acto se inicia en las montañas en las que Wotan observa el mundo. Un poderoso preludio acaba con el tema de la walkyria. Wotan saluda a su hija Brünnhilde y le pide que se prepare para el combate, Siegmund debe vencer a Hunding. Contenta entra la walkyria pero le dice a su padre, con cierto humor, que se apreste él a la batalla pues se acerca Fricka, su mujer, muy enfadada. La vieja tormenta, la antigua molestia, susurra Wotan. ¿Se acordaría Wagner aquí de sus eternas peleas con Minna? Fricka reprocha a Wotan que apoye a Siegmund, que ha seducido y raptado a la mujer de Hunding y además cometiendo un grave pecado, pues Siegmund y Sieglinde son hermanos. Finalmente Fricka acaba convenciendo a Wotan, Siegmund debe morir en el combate. Entra Brünnhilde y Wotan revoca la orden de dar la victoria a Siegmund. Brünnhilde no entiende nada y Wotan en un monólogo, nos cuenta cosas que ya sabemos desde El oro del Rin, pero con matices que no conocíamos hasta este momento. Wotan necesita un héroe libre que mate a Fafner, convertido en dragón, y devuelva el oro a las Hijas del Rin, de lo contrario se acerca el ocaso de los dioses. Por su parte Alberich ha engendrado un hijo con una mujer humana al que está preparando para recuperar el anillo. Fricka ha truncado este plan. Desde este momento intuimos que la evolución del drama va a devenir en tragedia. Brünnhilde insiste en dar vencedor a Siegmund, Wotan, irritado, le ordena que cumpla sus órdenes. Aparecen Siegmund y Sieglinde que se han fugado de la casa de Hunding. Paran a descansar y Sieglinde se duerme entre pesadillas. Aparece Brünnhilde y se dirige a Siegmund. Las walkyrias se aparecen a los guerreros que van a morir en combate, para llevarlos después al Walhall. Siegmund no se opone hasta que se entera de que Sieglinde no le seguirá hasta el Walhall. Además no teme a Hunding y aún menos desde que ha obtenido la espada Nothung. La walkyria le explica que quién forjó la espada le ha retirado todo el poder. Le cuenta que va a ser padre y le dice que le confíe a su mujer y a su hijo, nada les ocurrirá bajo su protección. Siegmund desesperado dice ya que la espada no sirve contra el enemigo, que sirva para el amigo dispuesto matar con ella a Sieglinde antes de que tenga que volver con Hunding. La walkyria detiene su mano, conmovida decide desobedecer a Wotan y cambiar el resultado del combate. Se despide de un alegre Siegmund, le verá en el combate. Se oye a Hunding que se acerca con sus perros, Siegmund va a su encuentro. Sieglinde se despierta entre pesadillas. Comienza la pelea, aparece Brünnhilde y dice a Siegmund que golpee a Hunding, pero se interpone la lanza de Wotan, que ha aparecido de repente. La espada se rompe y Hunding abate a Siegmund. Brünnhilde recoge los trozos de la espada y dirigiéndose a Siegliende la sube en su caballo y salen rápidamente al galope. Wotan mira con pena a Siegmund. Después se dirige a Hunding al que mata con una mirada de desprecio. Ahora va a por Brünnhilde, va a castigar a la hija que ha osado desobedecerle.


Muerte de Siegmund. Bayreuth 1876

Comienza el tercer acto con la célebre Cabalgata. Las walkyrias van llegando con sus alados caballos a la roca en la que se reúnen para llevar a los héroes muertos en combate al Walhall. Ya han llegado ocho, entre risas y bromas. Esperan a Brünnhilde, la preferida de Wotan. Pero cuando llega se acaban las risas. No viene con el welsungo, trae a una mujer en la grupa de su caballo. Al descabalgar cuenta lo sucedido. Las walkyrias están horrorizadas, Brünnhilde ha desobedecido a Wotan. En vano implora Brünnhilde protección para Sieglinde, ninguna de sus hermanas se enfrentará a la cólera del padre de las batallas. Y aquí comienza la escena que quiero comentar. Podemos leerla completa gracias a la traducción de www.kareol.es



Cablagata de las walkyrias (Arthur Rackham, 1910)



SIEGLINDE
(die bisher finster und kalt vor sich
hingestarrt, fährt, als Brünnhilde
sie lebhaft - wie zum Schutze -
umfaßt, mit einer abwehrenden
Gebärde auf)
Nicht sehre dich Sorge um mich:
einzig taugt mir der Tod!
Wer hieß dich Maid,
dem Harst mich entführen?
Im Sturm dort hätt' ich
den Streich empfahn
von derselben Waffe,
der Siegmund fiel:
das Ende fand ich
vereint mit ihm!
Fern von Siegmund -
Siegmund, von dir! -
O deckte mich Tod,
daß ich's denke!
Soll um die Flucht
dir, Maid, ich nicht fluchen,
so erhöre heilig mein Flehen:
stoße dein Schwert mir ins Herz!

BRÜNNHILDE
Lebe, o Weib,
um der Liebe willen!
Rette das Pfand,
das von ihm du empfingst:
ein Wälsung wächst dir im Schoß!

SIEGLINDE
(sogleich strahlt aber ihr Gesicht
in erhabener Freude auf)
Rette mich, Kühne!
Rette mein Kind!
Schirmt mich, ihr Mädchen,
mit mächtigstem Schutz!

WALTRAUTE
(auf der Warte)
Der Sturm kommt heran.

ORTLINDE
(ebenso)
Flieh', wer ihn fürchtet!

DIE SECHS ANDEREN
WALKÜREN
Fort mit dem Weibe,
droht ihm Gefahr:
der Walküren keine
wag' ihren Schutz!

SIEGLINDE
Rette mich, Maid!
Rette die Mutter!

BRÜNNHILDE
So fliehe denn eilig -
und fliehe allein!
Ich bleibe zurück,
biete mich Wotans Rache:
an mir zögr' ich
den Zürnenden hier,
während du seinem Rasen entrinnst.

SIEGLINDE
Wohin soll ich mich wenden?

BRÜNNHILDE
Wer von euch Schwestern
schweifte nach Osten?

SIEGRUNE UND ROßWEIßE
Nach Osten weithin
dehnt sich ein Wald:
der Niblungen Hort
entführte Fafner dorthin.

SCHWERTLEITE,HELMWIGE
Wurmes Gestalt
schuf sich der Wilde:
in einer Höhle
hütet er Alberichs Reif!

GRIMGERDE
Nicht geheu'r ist's dort
für ein hilflos' Weib.

BRÜNNHILDE
Und doch vor Wotans Wut
schützt sie sicher der Wald:
ihn scheut der Mächt'ge
und meidet den Ort.

WALTRAUTE
(auf der Warte)
Furchtbar fährt
dort Wotan zum Fels.

SECHS WALKÜREN
Brünnhilde, hör'
seines Nahens Gebraus!

BRÜNNHILDE
Fort denn eile,
nach Osten gewandt!
Mutigen Trotzes
ertrag' alle Müh'n, -
Hunger und Durst,
Dorn und Gestein;
lache, ob Not,
ob Leiden dich nagt!
Denn eines wiss'
und wahr' es immer:
den hehrsten Helden der Welt
hegst du, o Weib,
im schirmenden Schoß!

(sie zieht die Stücken von
Siegmunds Schwert unter ihrem
Panzer hervor und überreicht sie
Sieglinde)

Verwahr' ihm die starken
Schwertesstücken;
seines Vaters Walstatt
entführt' ich sie glücklich:
der neu gefügt
das Schwert einst schwingt,
den Namen nehm' er von mir -
"Siegfried" erfreu' sich des Siegs!

SIEGLINDE
O hehrstes Wunder!
Herrlichste Maid!
Dir Treuen dank' ich
heiligen Trost!
Für ihn, den wir liebten,
rett' ich das Liebste:
meines Dankes Lohn
lache dir einst!
Lebe wohl!
Dich segnet Sieglindes Weh'!

(sie eilt rechts im Vordergrunde von
dannen. Die Felshöhe ist von
schwarzen Gewitterwolken
umlagert; furchtbarer Sturm braust
aus dem Hintergrunde daher,
wachsender Feuerschein rechts
daselbst)
SIEGLINDE
(que hasta ahora ha permanecido
sombría y fría, con la mirada fija
delante de sí, se sobresalta con un
gesto de rechazo cuando Brunilda
la abraza como para protegerla)
No sufras por mí:
sólo me conviene la muerte.
¿Quién te ordenó, virgen,
sustraerme al combate?
Allí, en la liza,
hubiera recibido el golpe
de la misma arma
que abatió a Siegmund:
¡el fin hubiera encontrado
junto a él!
¡Lejos de Siegmund, de Siegmund,
estoy ahora!
¡Estaríamos unidos por la muerte!
Si no debo maldecirte,
virgen, por haberme salvado,
oye, entonces,
mi súplica:
¡clávame tu espada en el corazón!

BRUNILDA
¡Vive, oh mujer,
por el bien de tu amor!
Salva la prenda
que recibiste de él:
¡un welsungo crece en tu seno!

SIEGLINDE
(de inmediato su rostro resplandece
de alegría)
¡Sálvame, osada!
¡Salva a mi hijo!
¡Concededme, vírgenes,
vuestra poderosa protección!

WALTRAUTE
(desde la atalaya)
¡Ya llega la tormenta!

ORTLINDE
(igual)
¡Huya quien la tema!

LAS OTRAS SEIS
WALKYRIAS
¡Llévate a la mujer,
si la amenaza un peligro!
¡Ninguna de las walkyrias
osará protegerla!

SIEGLINDE
¡Sálvame, virgen!
¡Salva a la madre!

BRUNILDA
¡Así pues, huye deprisa,
y huye sola!
Yo me quedo,
me ofreceré a la venganza de Wotan:
retendré aquí junto a mí
al airado,
mientras tú escapas a su rabia.

SIEGLINDE
¿A dónde debo dirigirme?

BRUNILDA
¿Cuál de vosotras, hermanas,
conoce el este?

SIEGRUNE, ROSSWEISSE
Hacia el este, a lo lejos,
se extiende un bosque:
el tesoro de los nibelungos
se llevó hasta allí Fafner.

SCHWERTLEITE, HELMWIGE
Figura de reptil
adoptó el salvaje;
¡en una cueva guarda
el anillo de Alberich!

GRIMGERDE
No es aquél lugar seguro
para una mujer indefensa.

BRUNILDA
Pero seguramente el bosque
la protegerá
el poderoso le teme,
y evita el lugar.

WALTRAUTE
(desde la atalaya)
¡Airado se acerca Wotan
hacia la roca!

LAS SEIS WALKYRIAS
¡Brunilda, escucha el fragor
de su llegada!

BRUNILDA
¡Vete lejos,
rumbo al este!
Con valiente obstinación
soporta todas las fatigas,
hambre y sed, zarzas y piedras;
¡ríe si la necesidad,
si el sufrimiento te maltrata!
Debes saber una cosa
y defenderla siempre:
¡al más sublime
héroe del mundo
cobijas tú, oh mujer,
en el seno protector!

(Extrae los pedazos de la espada
de Siegmund de debajo de su
coraza y se los alarga a
Sieglinde)

Guárdale bien
los fuertes pedazos de la espada.
Del campo de batalla, de su padre
los sustraje felizmente.
El que, de nuevo forjada,
blandirá un día la espada,
reciba de mí su nombre:
¡"Sigfrido", la alegre victoria!

SIEGLINDE
¡Virgen magnífica!
¡A ti, fiel,
debo sagrado consuelo!
Por él,
por el que nosotras amábamos,
salvaré yo lo más amado:
¡sonríate algún día
la recompensa de mi gratitud!
¡Adiós!
¡Te bendice el dolor de Sieglinde!

(corre fuera, por el proscenio a la
derecha. La montaña rocosa está
rodeada por negros nubarrones
tormentosos; terrible tempestad
ruge desde el foro; creciente
resplandor ígneo a la derecha,
también desde el foro)


Escuchemos la escena en las voces de Gré Brouwenstijn como Sieglinde y Birgit Nilsson como Brünnhilde, en la grabación del sello Decca con la Orquesta Sinfónica de Londres, dirigida por Erich Leinsdorf (1961), con Judith Pierce (Helmwige), Marie Collier (Gerhilde), Julia Malyon (Ortlinde), Margaret Elkins (Waltraute), Noreen Berry (Siegrune), Maureen Guy (Grimgerde), Joan Edwards (Schwertleite) y Josephine Veasey (Roßweiße).



La escena se inicia con Sieglinde reprochando a Brünnhilde que la haya salvado. Su estado de ánimo cambia al enterarse de que está embarazada de Siegmund. Pese a la petición de ayuda, las walkyrias atemorizadas ante la posible reacción de Wotan se niegan a auxiliar a Sieglinde. Sieglinde implora a Brünnhilde: ¡Sálvame, virgen!¡Salva a la madre! (2:04). Muchas sopranos cantan casi en parlato la palabra Mutter (Madre), para aumentar el dramatismo del momento. Brünnhilde no se lo piensa. Se va a sacrificar por Sieglinde y por su hijo aún no nacido. Será el primer sacrificio de la walkyria, que se ha vuelto humana en el momento en que decide ayudar a Siegmund y hacer lo que cree correcto; pero no será su último sacrificio. Brünnhilde va a esperar a Wotan para que descargue sobre ella la ira y Sieglinde tenga tiempo de escapar. La manda hacia el este, donde el dragón Fafner custodia el tesoro de los nibelungos, es una región que Wotan evita. Cuando Grimgerde avisa que no es lugar para una mujer indefensa, en el metal de la orquesta suena el tema del dragón, como ya sonó en El oro del Rin cuando Alberich se convierte en dragón gracias al Tarnhelm (yelmo mágico) y volverá a sonar en la siguiente jornada (2:56). Brünnhilde se despide de Sielglinde, huye ahora y huye deprisa, empieza a cantar. Cuando dice a Sieglinde que debe saber que lleva en el seno al héroe más sublime del mundo en la orquesta aparece un motivo nuevo, que no había sonado hasta este momento. Es el tema de Siegfried (3:41). Brünnhilde dice a Sieglinde como debe llamar a su hijo, su nombre será Siegfried (Paz victoriosa). En ese momento se produce una transición orquestal a otro motivo, que también aparece por primera vez. Acompañando a las palabras de agradecimiento de Sieglinde suena en la orquesta el bellísimo motivo de la redención (4:32). 

Con la sucesión de estos dos motivos, en este mismo orden, acabará la última jornada del Anillo, El ocaso de los dioses. Casi veinte años tendrán que pasar desde la composición de La walkyria hasta la de El ocaso de los dioses, sin embargo, Wagner utiliza los temas como si lo hubiera compuesto todo de una vez, tal es la coherencia y el genio que demuestra en la utilización del leitmotiv.

Quizá esta bellísima escena que acabamos de escuchar no sea la más conocida de una obra plagada de mágicos momentos, pero es un instante crucial en el desarrollo del drama, en el que aparecen dos de los motivos que serán más importantes en lo que resta de Tetralogía y creo que valía la pena destacarlo.

Aunque imagino que todos sabéis cómo concluye La walkyria, no voy a dejar sin explicar el final ya que he contado el resto. Llega Wotan. Las walkyrias esconden a Brünnhlide, e intentan aplacar al furioso dios. Al final, Brünnhilde se muestra ante su padre, que despacha al resto de hermanas so pena de compartir el castigo de Brünnhilde si se quedan. La walkyria intenta razonar con su padre, pero el padre de las batallas se muestra inflexible. Va a despojar a Brünnhilde de su divinidad, la dormirá, y deberá seguir y obedecer como esposa al hombre que la despierte, aunque sea el más indigno y cobarde de los humanos. Brünnhilde hace un último esfuerzo, acepta el castigo de perder la divinidad, pero no puede degradarla de ese modo, Wotan debe protejer su sueño de modo que sólo el más valiente de los héroes pueda despertarla. Al final el dios, conmovido, accede y en una apasionada despedida a su hija preferida, rodea la roca con un fuego que no deberá traspasar quien tema la punta de su lanza. Palabras dichas mientras en la orquesta suena el motivo de Siegfried.



Despedida de Wotan (Emilie Kip Baker 1914) 

Y para terminar la entrada, un regalito. Bueno, el regalo se lo hizo Richard Wagner a su mujer Cosima en 1873. Se trata de una pieza para solista y coro de niños con acompañamiento instrumental. Es muy poco conocida, se titula El catecismo de los niños y la interpreta Sir Georg Solti con la Orquesta Filarmónica de Viena y los Niños Cantores de Viena. Imagino que os preguntareis qué tiene eso que ver con el tema de la entrada. Bueno esperad al minuto 1:41





















3 comentarios:

  1. UNA DE LAS MEJORES VERSIONES EN LA HISTORIA ...LEINSDORF !! MAESTRO.

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  2. Se le echa a usted de menos en twitterlandia. ¡Gracias por las trabajeras de escribir y compartir todo esto!

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    1. Muchas gracias por tu interés. Siempre me alegro cuando veo alguna visita en el blog que viene del vecino de la derecha ;-)
      Lo de twitterlandia, quién sabe, quizá algún día me deje caer por allí.
      Un saludo.

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