martes, 2 de septiembre de 2014

Goethe y la música (VII): "El eterno femenino nos atrae hacia las alturas"

Johann Wolfgang von Goethe (1749-1832) comenzó a trabajar en su Fausto alrededor de 1770, la primera parte de la obra, se publicó en 1808. En 1832, unos meses más tarde de la muerte de Goethe, se publicó la segunda parte de la obra.

La leyenda de Fausto era conocida en Europa, basada en un personaje real que vivió en Alemania, presumiblemente, entre 1480 y 1541. Ya había sido convertida en obra literaria antes, como en La trágica historia del Doctor Fausto de Christopher Marlowe (1589) y lo sería después como en Doktor Faustus de Thomas Mann (1947), por no hablar de Nikolaus Lenau o Heinrich Heine.

Pese a lo importante de los nombres que han llevado a la literatura las andanzas del alquimista y ocultista alemán, nadie como Goethe llegó al nivel de crear una obra que se sitúa en ese reducido grupo de obras imperecederas, en el que están las grandes tragedias (Hamlet, Macbeth, Rey Lear, Othello y Romeo y Julieta) de Shakespeare, Don Quijote de Cervantes y muy poquito más.

Goethe con 62 anos por Luise Seidler (1811)


No es de estrañar que el impacto que produjo Fausto en el siglo XIX fuera tal que un número incontable de obras artísticas de todos los géneros se inspirasen en su obra maestra. Por no hablar de la influencia del pensamiento de Goethe, una vez salva a Fausto del infierno, ningún pecador va a ser condenado a tan terrible castigo. Recordemos que Mozart y Da Ponte, con el moralismo imperante en el siglo XVIII mandan a Don Giovanni derechito al fuego eterno, pero Zorrilla, salva a Don Juan Tenorio por la mediación de Doña Inés. Asimismo, El holandés errante y Tannhäuser de Wagner ya no pueden ser condenados eternamente, el eterno femenino, les atrae hacia las alturas.

Pero lo nuestro es la música, y a ella vamos. Hay muchas obras compuestas sobre el Fausto de Goethe. De ellas bastantes son obras dramáticas, los Fausto de Gounod y Spohr, que son óperas. La también ópera de Arrigo Boito Mefistofele, que otorga el protagonismo al demonio o las inclasificables La damnation de Faust de Berlioz o las Szenen aus Goethes Faust de Robert Schumann. La realidad es que me gustan todas estas obras, no tanto las de Boito y Spohr, pero tengo que reconocer que en una cosa son todas iguales, transmiten bastante mal la esencia de la obra de Goethe.

"Salvación de Margarita" - Litografía de Wilhelm Hensel (1835)

Es natural, el mismo Fausto de Goethe es una obra inclasificable, casi imposible de representar, porque no es una obra de teatro. Hay largos pasajes, sobre todo en la segunda parte, a los que falta dramatismo, porque no está pensada para los escenarios. Quizá sea por ello, que las obras que más se acercan al ideal, según mi modesta opinión, son aquellas que no son dramáticas y entre ellas destacan dos obras maestras, la Octava sinfonía de Gustav Mahler, llamada, exageradamente, de los mil, por el número de ejecutantes necesarios para ponerla en pie; y la Sinfonía Fausto de Franz Liszt. Hoy voy a hablar de ésta última.

Antes de hablar de la Sinfonía Fausto, aclarar que los Valses Mephisto, hasta cuatro en versión pianística y dos en versión orquestal, se inspiran en el Fausto de Nikolaus Lenau y no en el de Goethe, el primero de ellos es la Tanz in der Dorfschenke (Danza en la posada de la aldea), que junto a Der nächtliche Zug (La procesión nocturna) forman la obra conocida como Dos episodios del Fausto de Lenau.

Escuchamos aquí la Danza en la posada de la aldea o Vals Mephisto n° 1 en versión de la Orquesta Filarmónica de Viena y Franz Welser-Möst.



Franz Liszt comenzó a trabajar en su Sinfonía Fausto en 1840, curiosamente, Richard Wagner que iba a convertirse muchos años más tarde en su yerno, comenzó por esta época su propia Sinfonía Fausto, proyecto que iba a abandonar y que daría lugar a su Eine Faust-Ouvertüre (Obertura Fausto), de la que ya hablé en este blog. Sabemos que Liszt marchó a Weimar, como muchos años antes habían hecho Goethe y Schiller. Hay que pensar que tras la muerte de Goethe los homenajes en Weimar se sucedieron, recordando al hijo adoptivo más importante de la ciudad. Al acercarse 1849, primer centenario de la muerte del poeta, los actos en su honor también llegaron al campo musical y recordemos que el responsable musical de Weimar, no era otro que Franz Liszt.

Liszt interpretó en Weimar obras como las Escenas del Fausto de Goethe de Schumann o La condenación de Fausto de Berlioz. Con este campo de cultivo, la propia obra de Liszt iba tomando forma. En 1854 la Sinfonía Fausto estaba terminada.

Pero Liszt no quedó satisfecho con el resultado de esta primera versión. En los años siguientes hizo diferentes cambios en orquestación y alargó el segundo movimiento. Pero lo que preocupaba a Liszt es que el final no se entendía, no reflejaba lo que es la obra de Goethe, se quedaba en una mera descripción orquestal de la primera parte de Fausto. Finalmente, Liszt encontró la solución y la obra terminada en su segunda versión se estrenó en Weimar el 5 de septiembre de 1857, dentro de los actos de inauguración del monumento a Goethe y Schiller que domina la Plaza del Teatro de Weimar. Con el tiempo el mismo Liszt se iba a unir a Goethe y Schiller en el monumento a las tres grandes glorias que eligieron Weimar para desarrollar buena parte de su obra.

Monumento a Goethe y Schiller con Liszt al fondo en la Plaza del Teatro de Weimar


El nombre completo de la obra Eine Faust-Symphonie in drei Charakterbildern (Una Sinfonía de Fausto en tres caracteres) nos explica su configuración. Son tres caracteres, que son tres movimientos.

Vamos a ver el desarrollo de la obra con los ejemplos de una grabación de Jascha Horenstein grabada por la Orquesta y Coro de la Radio del Sur de Alemania de Baden Baden, con el tenor Ferdinand Koch.

El primer movimiento se titula Fausto. Tras una sombría introducción que desemboca en un tormentoso episodio aparece el tema de Fausto (3:14). Brillante, viril, anunciando su marcada personalidad. Siempre insatisfecho, deseoso de vivir nuevas experiencias, sin medir las consecuencias de sus actos. Siguen diferentes episodios con las andanzas de nuestro héroe guíado siempre por Mefistófeles hasta desembocar en un tema pausado (7:19), Fausto va a encontrar a Margarita. Nuevamente volvemos a escuchar al héroe con su voz orquestal firme y poderosa (9:13). El Fausto insatisfecho vuelve (11:36), no encuentra el sosiego, todo le hastía. Volvemos a escuchar a Margarita (17:36). Fausto sigue su camino (20:12), Margarita es sólo una diversión, gracias a la influencia de Mefistófeles. Finalmente, Fausto intentará salvar a Margarita que ha causado la muerte a su madre y, ya en su locura, ha ahogado a su hijo y se encuetra en prisión, a punto de ser ejecutada. Margarita se negará a huir con Fausto. Mefistófeles se llevará a Fausto diciendo está condenada. Una voz desde las alturas contradirá al demonio. Salvada, así acabará la primera parte de la tragedia.




El segundo moviemiento es Gretchen (Margarita). Comienza suavemente con las maderas para desembocar en el tema de Margarita (0:55). El motivo muestra el carácter ingenuo y soñador de la joven Gretchen. Aparece Fausto, con su llamada en los metales (6:53). Presenta un caracter misterioso a los inocentes ojos de la joven. Se va desarrollando el tema de amor entre ambos, que retoma la misma melodía que en el primer movimiento (9:48). Vuelve el tema de Margarita (12:17) pero más desasosegado, ya no tiene la inocencia de la primera aparición. Margarita espera, en vano, la vuelta de su amante y evoca su imagen (14:56). Casi podemos ver a Margarita en la rueca. En la coda del movimiento se vuelve a evocar el tema de Fausto (17:22).





El tercer movimiento es Mefistófeles. Comienza juguetón, es una especie de scherzo en una sinfonía tradicional, después del andante que ha supuesto el movimiento de Margarita. El tema de Mefistófeles comienza en 1:17 y... ¡sorpresa! Es el mismo tema que el de Fausto. En una genialidad Liszt convierte a Mefistófeles en un alter ego de Fausto. Pero lo que en Fausto era virilidad y nobleza aquí es ironía, con inestabilidad danzable. Mefistófeles se ríe de todo y de todos. Mefistófeles también utiliza el segundo tema de Fausto (6:42) que ahora suena extraño y juguetón. Aparece el tema de Margarita (9:41), Mefistófeles le muestra a Fausto en sueños.  Siguen las andanzas de nuestro demonio utilizando a su antojo los temas de Fausto. Manipula sus temas igual que manipula a Fausto. La primera versión de 1854 de la sinfonía acababa más o menos en 16:40. Liszt nos había contado, como muchos otros, la primera parte de la historia, pero no el desenlace. Esto lo iba a hacer con la segunda versión. Aparece el tema de Margarita (17:07), pero como transfigurado. Fausto ha muerto, Mefistófeles se dispone a llevarlo al infierno, pero legiones de ángeles impiden que el demonio se acerque al cuerpo de Fausto. Suenan unas trompetas a lo lejos (17:30) y se hace el silencio.




Sobre el motivo enunciado por las trompetas empieza a cantar un coro masculino, es el Chorus Mysticus. En 0:57 sobre las palabras das Ewig-Weibliche (el eterno femenino) que canta el tenor solista, volverá a sonar el tema de Margarita. Fausto ha alcanzado el perdón de sus pecados gracias a la intercesión de una penitente, que en el mundo se llamaba Margarita. Los Tannhäuser del futuro ya pueden estar tranquilos, si una Elisabeth intercede por ellos, hasta el seco báculo del Papa volverá a florecer.





Alles Vergängliche
ist nur ein Gleichnis;
das Unzulängliche,
hier wird's Ereignis;
das Unbeschreibliche,
hier ist es getan;
das Ewig-Weibliche
zieht uns hinan.

Goethe

Todo lo transitorio
sólo es parábola;
lo inalcanzable,
deviene aquí en suceso;
lo indescriptible,
aquí se hace acto;
el eterno femenino
nos atrae hacia las alturas.

Goethe




Y para que podáis escuchar la Sinfonía Fausto de Liszt sin interrupciones, otra excelente versión también a cargo de Jascha Horenstein con John Mitchinson, tenor y el Coro y Orquesta de la BBC del Norte (Manchester), en un concierto público de 1972.



















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